Desde que tenía un año que subía montañas

La relación de los hombres y las mujeres con el medio natural se desarrolla desde que nacemos hasta que morimos, hay que trabajarla desde pequeños.

Once de la mañana de un día cualquiera en la falda del Montseny, preparado para llevar a cabo una de las muchas caminatas de interacción con el medio natural. De repente detrás de mí unos llantos de chiquillo que me obligan a girar la cabeza y ver qué pasa y allí, a escasos 20 metros, me encuentro un crío de no más de un año colgado en la espalda de su padre y adornado como un alpinista profesional (polar, gorro y zapatos de montaña). La imagen, curiosa por inusual, es de esas que te hacen pensar algunas cosas. ¿Cuál es la edad para iniciar a nuestros hijos en esta relación naturaleza / hombre?. No estamos asumiendo riesgos innecesarios avanzando situaciones que deben aparecer más adelante cuando nuestros hijos sean un poco más grandes?. ¿De qué le sirve a un niño tan pequeño esta prematura visita a la montaña?. Aunque mi punto de partida puede parecer en contra de esta situación y después de darle unas cuantas vueltas no encuentro ningún argumento negativo y contrario a la decisión de este padre de llevar a su progenitor a pisar hojas secas.

Disfrutar de un día al aire libre en un paraje lleno de colores y perfumes de otoño. Marrones y amarillos que se mezclan con verdes y rojos. Olor a tierra húmeda convivimos con todo tipo de  plantas y arbustos que te hacen sentir más puro, más sano, más arraigado en el mundo. Pájaros que cantan y despiertan la curiosidad del joven montañero que, con unos ojos abiertos como naranjas, observa risueño todo estos sonidos, nuevos para su tímpano. El cielo azul hace de alfombra a un sol que calienta con ganas nuestras caras. Las mejillas del chico, bien rojas, le dan un aspecto de salud y confort inmejorable.

Todo lo que nos rodea es de una extrema calidez y todos juntos, niño incluido, nos dejamos inducir por esta situación.

Ir a favor de naturaleza siempre nos aporta beneficios y hacerlo desde pequeños nos abre las puertas a una relación de conocimiento y adaptación de nuestro entorno que perdurará en nuestras acciones posteriores. Abrir los sentidos y las percepciones a los estímulos del mundo natural nos predispondrá a ser personas más sensibles y solidarias, más cuidadosas con lo que nos rodea, más acogedoras y comprensibles con nuestros iguales, en definitiva unas personas más enteras.

Este muchacho que un día su padre decidió llevarlo al Montseny cuando sólo tenía un año a abierto la puerta a poder desarrollar todas sus potencialidades físicas, expresivas, emocionales y de relación, habrá iniciado su adaptación al territorio. Cuando sea mayor podrá decir que desde que tenía un año ya subía montañas y seguramente hará los mismo con sus hijos.

Levaremos a nuestros hijos a la naturaleza, les haremos un favor.

Author

Joan Carles Folia