De jugar en la calle a jugar en el sillón

Tacharme como un sentimental, llamarme tradicional, calificarme como pasado de moda, pero echo de menos aquellas tardes de hace unos cuantos años, que al salir de la escuela y llegar a casa mi madre me daba la merienda (pan con chocolate, pan con aceite, algún día de manera especial coca rellena de crema) y bajaba las dieciocho escaleras que me separaban de los amigos en un santiamén. Todos estábamos, Albert, José María, Julio César … todos allí deborando de manera frenética nuestras rebanadas de pan para poder comenzar el, también nuestro, y esperado duelo futbolístico. Dos postes de teléfono y unas piedras marcaban las porterías y una pelota de cuero recauchutado, bastante destartalada, comenzaba a rodar por aquel terreno de juego lleno de piedras y baches. Ostras!!!! que bien me lo pasaba, dos horas de final de la copa de Europa con mis amigos, los de toda la vida.

Ahora ya han pasado unos cuantos años, (más de treinta) y no veo, a las 5 de la tarde, ninguna calle llena de niños haciendo partidos de fútbol y menos con rebanadas de pan con chocolate. Veo alguna plaza (siempre con sillas de bar) llenas de padres y madres haciendo el café y niños, que de una manera  algo desordenada corretean por el espacio sin mucho sentido. Veo algún niño con patines y los más pequeños demasiado atados a la falda de los padres o de los abuelos.

Ya sé  que las calles de ahora tampoco son tan seguras y acogedoras como los de hace unos años. Ya sé que ahora hay más coches, más peligros y bla bla bla … Ya sé que ahora todas las madres trabajan y antes no y también sé que los niños y las niñas de ahora se hacen grandes más tarde, salen del huevo y se hacen más maduros varios meses después  que los niños que comíamos pan con chocolate y jugábamos, solos, en la calle. Ya sé que todo evoluciona y que todo cambia y ya sé que antes no había ordenadores, ni consolas, ni “maquinitas del demonio” pero me niego a aceptar que los niños de hoy sustituyan, del todo, mis partidos de fútbol en la calle por un partido de tenis en el comedor de casa y sentados en el sillón. Me niego a aceptar que los niños de hoy cuando salen a la naturaleza  con sus padres o maestros  lo hagan permanentemente conectados a los cascos de los aparatos de música y no disfruten del entorno que les rodea, me niego a pensar que este autismo tecnológico haya acabado con la necesaria interacción de los hombres con el mundo de una manera franca, abierta y natural.

Lo diré fácil y rápido, hacer un partido de fútbol en la consola de casa no es deporte, no transmite los valores que la actividad física aporta al crecimiento de una persona. Aportará otros: destreza tecnológica, niños que no molestan y están distraídos … pero no valores que tengan que ver con la potencia de las cualidades físicas, mentales y sociales del género humano. Que jueguen en la consola pero, por favor, que lo hagan a ratos y que salgan al aire libre a ser más capaces, más autónomos, más felices y más independientes. No hagamos que algo (la tecnología recreativa) que debe aparecer de forma puntual en la agenda de nuestros hijos se convierta en una actividad habitual de su tiempo libre y mucho menos como un sustitutivo del hecho educativo que los partidos de fútbol reales ( y no virtuales) proporcionan a los seres humanos. Pantallas sí pero sólo a veces.

Author

Joan Carles Folia