Deporte en edad escolar, el problema son las expectativas de los padres

No hace muchos días asistí como invitado a una charla con padres y madres de un club deportivo, se trataba de darles unas cuantas pistas de cómo aprovechar las ventajas del deporte en el crecimiento de sus hijos. 75 minutos de reflexiones de más o menos calada, aunque pienso que al final convencí a más de uno de la necesidad de que sus hijos hicieran deporte por el placer de disfrutarlo y no de competirlo.

Al terminar mi exposición entramos en la parte de preguntas y una de ellas fue la siguiente: “Sr. Folia, ahora que viene Navidad los padres del equipo de nuestro hijo estamos pensando en regalarle una PANERA al monitor, pero hay un grupo de padres que dicen que el equipo no ha cumplido las expectativas en la clasificación y dicen que no quieren colaborar, qué hacemos ????.

Tras unos segundos de estupefacción, no me podía creer lo que estaba escuchando, abrí la boca para decir: “..No permitan que estos padres vuelvan a ver otro partido de este equipo”.

Entiendo y respeto que todos los padres hemos depositado unas ilusiones en el futuro de nuestros progenitores. Todos queremos lo mejor para nuestros hijos. Todos queremos que sean buena gente, buenos profesionales, se ganen bien la vida, sean felices en sus relaciones, no enfermen nunca y dispongan de mucha salud y dinero para superar los obstáculos de su recorrido vital. Todos nos hemos creado unas expectativas que tienen mucho que ver con el buen vivir y pocos sufrimientos de aquellos que amamos más que a nadie. Pero la condición de padre también implica muchas dosis de realidad, de aceptar imprevistos y sobre todo de espacios de libertad y respeto hacia la decisiones de nuestros hijos. Entiendo que el trabajo de unos padres debe basarse en potenciar la autoestima de su hijo, en prepararlo para superar cualquier obstáculo, en hacerlo crecer en la identificación (poner nombre) y gestión (saberlas asumir) de las emociones que poco a poco irá descubriendo. Ser padre significa encarar la vida de tus hijos en la consecución de la autonomía del vivir. Cuando un joven le dice a sus padres que se marcha a vivir solo (se independiza) no se lo deben tomar como un fracaso (¿qué hemos hecho para que se vaya?) sino como un triunfo (se vale por si mismo !!).

Cuando hablamos de deporte para niños y jóvenes también estamos hablando de lo mismo, “expectativas de clasificación” me suena a …., dejémoslo. Las expectativas que nos debemos plantear son si el monitor o monitora ofrece estimación a nuestros hijos, si les promueve signos de respeto en el juego, si los ayuda a crecer en la adversidad, si les ayuda, en definitiva, a ser mejor personas. Si es así COMPRENLE  LA PANERA DE NAVIDAD Y ECHAR AL RIO LA CLASIFICACIÓN,  LOS GOLES A FAVOR Y EN CONTRA.

Hay padres que piensan que sus hijos van a ser extraordinarios en el deporte, en los estudios y en la general en la vida. Los cambian de clubs para mejorar su rendimiento, los llenan de actividades extraescolares para mejorar su formación y les ofrecen un abanico de posibilidades inmensas para que sean los mejores. Atención porque es muy habitual que la fórmula mágica del “aprovecha la ocasión” se convierte en ” el fracaso por saturación” o simplemente por no adecuación de la realidad infantil i juvenil del joven a lo que el padre espera de él. Valoremos muy bien los intereses, las capacidades (reales) y las condiciones del momento para tomar decisiones que aunque las tomemos nosotros determinan una vida que no es la nuestra y sí la de nuestro hijo.

Padres: no hagais planes para vuestros hijos, ofrecer  carreteras llenas de referencias y señales (como simples opciones) que normalicen su libertad en la decisión final. No seais dueños de una vida que no os pertenece, sólo debeis acompañarla.

Author

Joan Carles Folia