El 90% de las cosas que proyectamos NO se convierten en realidad

En todas mis charlas, escritos, cursos … intento transmitir la importancia que tiene disponer de un cerebro educado, trabajado en favor de una mejor calidad de pensamiento, sentimiento y por tanto de vida.
El cerebro es ese órgano de gobierno personal donde es elaborada la vida de relación (en sus dos aspectos inseparables: motilidad y sensibilidad) y regulada la vida vegetativa, a la vez que constituye el punto de inserción somática de la vida psíquica. Esta definición nos lleva de una manera inexorable a poner de manifiesto la importancia de este grumo de conexiones y fluidos que gestionan todo lo que tiene que ver con nuestra cognición, emoción, relación y adaptación a las cosas que la vida nos irá trayendo . Así pues habrá que trabajar esta caja cerrada que se posiciona como definitiva en la búsqueda de nuestro bienestar. Es cierto que el cerebro todavía presenta secretos inabordables pero también es cierto que de él conocemos algunas cosas que han sido demostradas desde el empirismo, la práctica y la implementación.
Sabemos que si pensamos en positivo vivimos en positivo, que si pegamos pensamientos buenos detrás de los malos podemos cambiar nuestro estado de ánimo, que la primera impresión de las cosas condiciona nuestro posicionamiento pero no lo determina y el cerebro puede modificar su primer relato y también sabemos y esto será muy importante que el 90% de las cosas que proyecta como futuribles nunca devienen realidad.
Nos pasamos la vida utilizando la expresión hablada o pensada: y si …. – Y si sucede esto?
Mucha gente, la mayoría, siempre piensa más allá del presente. Si nos quedamos sin trabajo, si enfermamos, si ….. y finalmente lo que pasa es que en estos pensamientos y proyecciones de futuro perdemos la vida que nos toca vivir. Dar libertad de acción en el cerebro suele ser contraproducente porque este combina elementos reales, con ilusiones maquiavélicas para poder mantener la condición humana. Debemos saber que el cerebro humano está diseñado para actuar ante el peligro, protegiéndonos de él y garantizando nuestra supervivencia y eso es bueno en su justa medida. Si dejamos que esta característica domine nuestro pensamiento, acción y percepción seremos esclavos de anclas y miedos que recortarán nuestras opciones de ser felices.
Hay que controlar los riesgos, faltaría más, pero si este control se convierte en rigor el cerebro lo determinará todo. Dejar que este ordenador funcione solo nos llevará al ostracismo más absoluto.
Es por ello que encontramos padres y madres que no dejan ir de colonias a sus hijos, por lo que pueda pasar (de negativo) otros que no cogen el avión por si cae e incluso gente que guarda el dinero por sí en la vejez (primero habrá que lleguen) lo necesitan.
Prevenir es una cosa y la inacción es otra. El cerebro nos escupe diversas situaciones de futuro de las que 9 de cada 10 no se producirán. Si tenemos en cuenta esta estadística podremos relajarnos a la hora que disfrutamos de lo que tenemos enfrente. El “Carpe Diem” famoso toma aún más importancia a partir del conocimiento de este dato lapidario.
Un día conocí a una mujer que no se pintaba la cara porque su cerebro había absorbido demasiado de su educación, entorno y prejuicios. No tenía pareja. Conseguí que pusiera  maquillaje en su cara y también en su vida. Ahora es una mujer felizmente casada y muy guapa. Venció la proyección falsa y traicionera de su cerebro.

María, recuerdos a tu marido

Author

Joan Carles Folia