El cerebro reptiliano

Paul D. McLean (1913-2007), fue un neurocientífico estadounidense que propuso que el cerebro humano ha experimentado tres grandes etapas de evolución a las que se debe su división en tres partes: el reptiliano, el límbico y el neocórtex, por decirlo de manera rápida la parte reptiliana y límbica sería nuestro sistema más primitivo y el neocórtex sería el sistema más racional que se dedica a limitar / controlar / gestionar la parte más intuïtiva,impulsiva de nuestro pensamiento. El cerebro, es un sistema autorregulado donde billones de neuronas se interconectan y se comunican unas con otras, con el fin de realizar todos los procesos para nuestra existencia. Pero es importante saber que la activación de nuestro cerebro reptiliano bloquea otras operaciones cognitivas que ocupan nuestro día a día. Por decirlo de una manera sencilla cuando el reptil que llevamos dentro despierta domina nuestro pensamiento y si no lo tenemos “bien domesticado” nos puede llevar a cometer acciones (palabras y hechos) que no se ajustan a mi manera de hacer y de pensar habitual / normal. El cerebro reptiliano no suele aprender de sus errores, no ha evolucionado y además tiene la capacidad de almacenar todos nuestros miedos y fobias, utilizando el comportamiento reactivo (no procesado) para dar respuestas a todo tipo de situaciones. Somos animales y a veces podemos llegar a ser salvajes.

Los atentados perpetrados hace unos días en París son una clara demostración de esta teoría, más que contrastada. A la pregunta que muchos nos hacemos, ¿cómo unas personas han sido capaces de ejecutar estas acciones? La respuesta la encontramos en que han sido manipulados (su zona reptiliana) con propuestas tentadoras que una vez han impregnado de odio su masa cerebral, el neocórtex sólo ha podido vehicular, en negativo, la manera de ejecutar unas emociones nocivas hacia los demás. Han sido víctimas de la dominación de su cerebro que ya no piensa, no siente y sólo se proyecta en impulsividad sin cordura. Estos cerebros ya no aprenden, no anticipan, no reflexionan ni evalúan, sólo estallan y actúan, en tiempo presente, sin pasado ni futuro. El reptil se ha vuelto indomable. Conocer la existencia de esta parte de nuestro preciado órgano de control tiene su vertiente positiva pues también es la parte reptiliana la que nos mantiene más alerta y nos aporta mecanismos de defensa y seguridad valiosos para nuestra vida. Esta intuición animal nos permite sobrevivir, con mayor o menor fortuna, ante lassacudidas del quehacer cotidiano.
Como siempre el equilibrio entre todas las cosas, y las estructuras del cerebro no podían ser diferentes, es lo que nos conviene. Disponer de esta “mecanismo animal” en nuestro interior depende de cómo lo controle, lo eduque, lo utilice será de gran interés para nosotros, su falta de adiestramiento nos puede llevar a ser una persona poco inteligente (emocionalmente) no admitida y descabalgada de mi entorno.
Sé animal y utiliza tus instintos de manera ventajosa y normalizada.

Author

Joan Carles Folia