Hacer deporte nos educa, nos hace crecer y nos hace fuertes. De hecho nos prepara para la vida.

Si me pedís cuantas actividades conozco que puedan ser altamente reconocidas como positivas para la motricidad, la cognición, la relación social y la gestión emocional del ser humano, la lista será relativamente corta pero sin lugar a dudas una de las primeras , por no decir la primera que me vendrá a la cabeza, será la práctica de la actividad física.
Ya en la Grecia clásica los ejercicios físicos eran, junto al aprendizaje de las letras y de la música, una parte fundamental de la educación de las personas.
Hacer deporte tiene muchas ventajas y algún inconveniente pero el peso de las primeras compensa con creces las migajas de los segundos. Desde que nacemos queremos ser personas sanas, intelinteligentes, queridas y felices y estas características responden a las cuatro grandes carreteras por las que tenemos que transitar. Queremos crecer con salud y con un buen dominio del conocimiento, además queremos ser socialmente admitidos y interiormente llenos de equilibrio y el deporte nos otorga esta posibilidad.
El deporte nos activa químicamente (derrame de las hormonas de la felicidad, endorfinas, en nuestro cerebro). Nos estimula la red de neuronas y nos hace que este mismo cerebro sea más receptivo a recibir millones de estímulos (conocimiento) en el transcurso de nuestra vida. El deporte, bien hecho, nos engrasa los órganos, los huesos, la musculatura, las articulaciones, nos aporta salud y bienestar y además nos enriquece la red de relaciones que nos acompañan en nuestro tránsito vital.
La actividad física te ofrece estrategias para hacer crecer emociones como la empatía, la solidaridad, la resiliencia, etcétera, y te hace manejar mejor otras como la ira, la frustración o la envidia.
El deporte aporta experiencias fácilmente transferibles a la vida: el trabajo en equipo, el valor del esfuerzo, la aceptación de los errores, la toma de decisiones …
A la pregunta ¿por qué tenemos que hacer deporte os propongo una práctica. Ir a caminar por la naturaleza (o por las calles de vuestro pueblo o ciudad) y luego haceros una lista de cuáles son las emociones que notais. Os puedo asegurar que las emociones que florecerán de vuestros interiores se situarán en el río del agua limpia y cristalina, emociones de bienestar interior que se trasladará a las actitudes del día a día. Esta es la magia del deporte, bueno, de hecho es la realidad de las hormonas que estimulan y provocan un torrente de mensajes que van y vienen por todos los órganos de nuestro cuerpo. Es una estimulación que promueve el sentido positivo de las cosas, aleja el envejecimiento de nuestra maquinaria y nos dota de un sistema inmunológico bastante potente. El deporte remueve las emociones y curiosamente remueve más las emociones positivas que las negativas. Moverse conlleva que nuestra vida celular enriquezca también nuestra vida interior vivida y por lo tanto nos prepara para cualquier cosa.
De hecho la actividad física no debería ser una acción esporádica de nuestra existencia, al contrario debería ser algo integrado en nuestro modo de vida, en nuestro quehacer cotidiano.

Ojo !!!! Un momento, si no deseas o no puedes hacer deporte, tampoco pasa nada, seguro que encontrarás otra actividad que te llene y te haga feliz, pero puedes repensar tu  decisión.

Author

Joan Carles Folia