La cinta métrica de la vida

Estimados mortales, dejadme que hoy os proponga un experimento vital que os hará
reflexionar un poco sobre el sentido de la vida:
Paso 1: Tomad una cinta métrica cualquiera.
Paso 2: Tirar de ella hasta el número 88 (las mujeres) 84 (los hombres).
Paso 3: Restar, recogiendo y escondiendo cinta, vuestra edad.
Conclusión: Eso es lo que os queda de vida.
Parece mentira que una práctica tan fácil y lapidaria no sea motivo para que nos tomemos nuestra vida de una manera más sencilla, sin tantas complicaciones. Todos sabemos, espero, que aquí estamos de paso pero a veces muchas de las actitudes que tenemos en nuestro día a día fluyen en la dirección de creernos inmortales, perennes. Dos son las grandes decisiones que la vida nos manifiesta, venir y marcharse de ella, y ninguna de las dos, normalmente; dependen de nosotros. Nadie nos pidió permiso para meternos en la carretera de la vida y nadie nos pedirá permiso para sacarnos. Así los días que mi cinta métrica dice que quedan deben ser vividos, sentidos, trabajados, disfrutados, compartidos como si del último aliento de vida se tratara. Y claro que debemos ser responsables y luchadores en nuestro ciclo vital (corto) pero no vale la pena embarcarnos en complicaciones materiales, sociales y emocionales innecesarias. El día que la cinta métrica llegue al final, las casas, el dinero, los coches, no vendrán con nosotros, se quedarán aquí. Lo único que nos llevaremos serán todos aquellos momentos placenteros que
hemos sabido vivir, solos y en compañía. No podremos recoger todo lo que hemos ganado en vida,  empaquetarlo y llevarlo  conmigo, de todas formas si así fuera los gusanos o las llamas también se lo comerían. Debemos ser conscientes de nuestra pequeñez ante la inmensidad del tiempo y del espacio: Somos efímeros y un punto insignificante.
Cuando defiendo esta idea en charlas y conferencias siempre aparece la persona que quiere rebatir diciendo que todo lo material ganado en la vida quedará para los sucesores, para los hijos y familiares. Es cierto que la consanguinidad, los herederos, pueden disfrutar de las pertenencias que les podamos dejar pero a los que no nos han dejado nada tampoco nos ha ido tan mal. Hemos construido nuestra vida con esfuerzo y libertad y nos hemos hecho personas
de una manera muy loable. Si salvar la hipoteca de mi hijo significa hipotecar mi vida, la elección por lo menos, es un poco esperpéntica.
Vivid vuestra vida como más os guste pero vivirla. Una cosa es pasar por ella y otra es vivirla de verdad. Sed responsables y tomad los compromisos que garanticen ciertas cosas vitales pero no alejeis el foco de vuestra cinta métrica, que día a día, segundo a segundo, se acorta sin contemplaciones.

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Joan Carles Folia

7 Comentarios

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  1. Joan Carles. Artículo definitivo, te voy a hacer caso y voy a dar un giro a mi vida. Grácias por haber creado este bloc.

  2. Juan Carlos, este ha sido tu mejor consejo. (Cómo podemos saber tus actos y conferencias?

  3. Saludos Joan Carles: Muchas gracias por tu articulo, si lo miramos friamente, nos matamos buscando objetivos, que muchas veces son absurdos, y no nos llevan a ninguna parte. Un abrazo desde Bruselas-Belgica.

    • Joan Carles Folia

      Pues contento de que desde Bruselas las cosas se vean igual. Un abrazo y grácias por seguirme.

  4. La verdad es que este ejercicios me servirá para plantejarem la vida de otra manera
    Garcias Joan.

  5. Mucha razón tienes …un abrazo, te cedo cualquiera de mis restaurantes el día que quieras hacer una conferencia .
    Juan Carlos Caceres (Capgrossos)