La vida son etapas

Estoy seguro de que las palabras que encabezan esta reflexión han sido mencionadas por la mayoría de personas que os rodean. Vosotros también las habéis utilizado alguna vez para reafirmar un comportamiento, una actitud, un cambio de opinión o de actuación. Es cierto que la vida son etapas pero tengo la sensación de que lo que cuesta de estas cuatro palabras no es decirlas sino creérselas , aceptarlas y vivir en armonía en cada una de las etapas que la vida nos presenta. Es justamente el momento en que tienes que adaptar tus capacidades físicas (a partir de los 30), cognitivas (a partir de los 40) y sobre todo emocionales (a partir de los 50) cuando te das cuenta que la expresión no es sólo una expresión, sino que es una realidad y el paso del tiempo te va situando en el abandono de unas cosas para ir descubriendo otras. Quemar etapas es un síntoma de adecuación al medio y la virtud del ingenio radica en saber cuál es el momento en que algo ya no toca y hace falta empezar un nuevo camino, un nuevo pensamiento, una nueva decisión para poder convivir con un nuevo horizonte. Siempre digo que cambiar es un agujero desconocido pero no debe ser un empeoramiento. Cambiar sólo quiere decir cambiar y dependerá de cómo tú te sitúas frente de este movimiento para hacer del cambio un momento de crecimiento, de aprendizaje y de evolución.

La pataleta que representa no saber encajar el paso del tiempo nos lleva a tomar opciones a veces innecesarias que nos complican la vida en desmesura y las ideas, las palabras y las acciones tienen la característica de ser pensadas, dichas y hechas bajo el paraguas de la edad, si se piensan, dicen o hacen fuera de este escenario el discurso pierde fuerza y se tambalea sin ningún sentido. Para entenderlo: si de jóvenes todos hemos pensado tonterías, hemos dicho insensateces y hemos hecho fechorías ha sido porque la edad, la etapa lo exigía, al menos  lo permitía, pero los que ya peinamos canas intentamos regular la cantidad de tonterías que pensamos, decimos y hacemos, la edad, la nueva etapa; no nos deja, de vez en cuando sí, tener ciertos pensamientos, decir algunas palabras y sobre todo actuar de determinada manera.

Caminar, crecer, madurar es eso, adaptarnos a lo  que por imperativo físico, mental y emocional nos corresponde. No hacerlo nos lleva al quirófano innecesario, al enojo permanente y a la depresión. La aceptación de lo que me ha tocado vivir intentando encontrar el punto óptimo de compenetración entre lo que soy (por herencia y formación) y lo que la vida me otorga, bueno y malo, nos llevará poco a poco a la última etapa de nuestro recorrido, etapa que tendremos que ir asumiendo mientras quemamos las demás, etapa ésta que de  manera  ineludible nos espera a todos, buenos y malos, altos y bajos, bonitos y feos, ricos y pobres, etapa ésta que, afortunadamente, nos iguala a todos.

Author

Joan Carles Folia