Los hijos no son propiedad de los padres

No hace demasiados días una buena amiga me llamaba para comentarme su estado de desánimo por el hecho de que su hijo, de 24 años, se iba de casa. Mi amiga me preguntó: – ¿Qué he hecho mal para que mi hijo quiera irse a vivir en un piso compartido ?. Después de unos momentos de estupor  le respondí: Escucha la pregunta que me has hecho no ha sido bien formulada, la pregunta correcta es: – ¿Qué has hecho bien para que tu hijo, de 24 años, esté preparado para irse de casa ?.

Cuando traemos una criatura al mundo el sentimiento de padre y de madre seguramente se convierte en algo especial, algunos dicen que único. En todo caso es un sentimiento diferente a otros que tienen que ver con la estimación, la entrega, y la responsabilidad. Todos queremos a nuestros hijos pero desde el primer momento que llegan en este mundo tenemos que saber que algún día se marcharán,  igual que lo hemos hecho nosotros. Nuestros hijos tienen su vida, un camino por recorrer y nosotros estamos obligados a darles toda la información para que en los momentos en los que tengan que tomar decisiones, solos, no cometan muchos despropósitos. Nosotros no estaremos cuando fume la primera vez, practique sexo por primera vez, le ofrezcan sustancias estupefacientes, etc. Nosotros no estaremos y serán ellos los que en función de lo que han visto, escuchado y vivido en casa y situaciones próximas optarán o no por una dirección.

Los padres no somos dueños de nada que forme parte de la vida de nuestros hijos. Podemos ser referentes de su futuro sistema de valores, de su grado de respeto por las cosas y las personas, de su estima hacia el entorno, de su visión de la solidaridad, de su amor por la vida pero serán ellos los que con su propio manto de valores, respeto y aprecio por las cosas deberán llevar adelante su vida.

Un hijo que a los 24 años te dice padre / madre gracias pero marcho a hacer mi vida te ha de reconfortar. Debes sentirte triunfador en tu tarea de haberlo educado. Él se siente fuerte, seguro de poder caminar solo. Se siente autónomo y preparado para poder meterse dentro del entramado que significa vivir. Como padres debemos sentirnos orgullosos y aceptar que nuestro objetivo de prepararlo para la vida comienza a ser una realidad. Puede que se equivoque y si lo hace allí estaremos, los padres, para acogerlo y ayudarle aún un poco más porque quizás no tenía que marchar a los 24, tal vez le tocaba a los 25.

Los hijos son propietarios de ellos mismos.

Author

Joan Carles Folia