Niños y niñas que no quieren hacer deporte

No debemos preocuparnos si nuestro hijo desde pequeño se manifiesta como una persona tranquila, pausada y alejada de cualquier propuesta deportiva. Es verdad que la condición de niño a menudo se asocia con duendes que saltan y se mueven sin cesar por todas partes hasta terminar, entre otras cosas, con la paciencia de los adultos. Pero el hecho de que muchos niños y niñas sean pequeñas peonzas que ruedan sin cesar a nuestro alrededor no quiere decir que todos los pequeños sean de esta condición. Algunos, ya de bebés, manifiestan un carácter afable y templado dentro de la misma cuna respondiendo a aquella expresión de: “… qué niño / niña más tranquilo / la”. Niños que cuando los coges, para ser “mareados” por los familiares, aun son capaces de sonreír. Esta demostración de prematura calma está directamente ligada a la carga genética que desde su concepción quedó instaurada.

Esto que acabamos de explicar por sí solo ya sería una característica para poder justificar el hecho de que algunos de estos “pequeños monstruos” no les guste apuntarse a hacer deporte pero todavía tendremos que atender a otra variable: el entorno en el que cada uno de nosotros quedamos enmarcados, las cosas que nos toca ver, escuchar, hacer, compartir y disfrutar. Así un crío que haya nacido en una familia que ambos padres hacen mucho deporte diríamos que tiene una probabilidad alta de apuntarse al tren de la actividad física. Por el contrario si este niño / niña ha caído en una familia muy aficionada a la música, que no asoman al mundo del movimiento corporal,  las posibilidades que desarrolle las capacidades musicales y no tanto las motrices son bastante elevadas.

En todo caso sea una cosa o la otra, nunca obligaremos a nuestra niños a hacer un deporte de manera premeditada, decidida e instaurada. Los chavales deben llegar al deporte a partir de sus intereses y motivaciones y los adultos, en todo caso lo que sí podemos hacer es ofrecerles experiencias, a través del juego y la participación,  que los acerquen en este mundo lleno de beneficios para su crecimiento y su vida adulta.

Jugar con amigos a cosas divertidas y con movimiento (podemos dejar de lado la Play Station por unos minutos) nos irá abriendo las puertas del placer por el ejercicio físico y el gozo emocional. El niño / niña jugará moviéndose y el hecho de pasarlo bien le irá motivando a elegir opciones más estructuradas y reglamentadas (el deporte).

Pero si a pesar de todo los intentos seguimos encontrándonos con una persona que se resiste a los placeres de la práctica deportiva, tranquilos, no hay que preocuparse, seguro que en algún punto de su trayectoria vital tendrá momentos y motivos para apuntarse al carro del deporte.

Recuerde que no les obligaremos nunca a hacer deporte ni a elegir uno en concreto porque alguien me ha dicho que esto va bien para la salud o porque les hace gastar más energía, en todo caso marcaremos un camino que ellos solos decidirán si lo cogen o no. La mejor manera de potenciar el ejercicio físico en aquellos que no lo contemplan de entrada es dar normalidad a su opción.

Author

Joan Carles Folia