Todos tenemos los mismos derechos

El ocio y el deporte en niños con discapacidades físicas y / o psíquicas no dispone de las mismas oportunidades que el ocio y el deporte estandarizado.

Mi trabajo, especialmente en lo que supone en el trato con la gente, tiene muchos momentos de inquietudes y dedicación desmedida, a veces me he planteado si merece la pena tantas angustias y sacrificios, y no hablo de dinero ni de margen de beneficios sino de energías gastadas en solucionar conflictos de la gente. La respuesta siempre es la misma: Vale mucho la pena. Una sonrisa de un niño, de una niña, que avanza con fortaleza en su vida y que se hace grande siendo feliz y con salud provoca grandes dosis de satisfacción. Todo esto aún toma más fuerza cuando el niño o la niña pertenece a un colectivo con una discapacidad sea del tipo que sea. Los que hemos tenido la gran suerte de poder trabajar día tras día estas situaciones sabemos de la importancia que la actividad física, el ocio y la recreación representa para estos niños y para sus familias. Unas familias que llevan la situación que les ha tocado vivir con una fortaleza y firmeza envidiable y que lo único que piden es ser absolutamente normales, que su realidad sea tratada como cualquier otra ni más ni menos. No quieren trato diferencial por lo que tienen en casa, no quieren dar pena y no piden caridad, sencillamente quieren ser familias que reciban las mismas prestaciones que reciben el resto de familias del mundo.

Esta introducción me sirve para denunciar las pocas posibilidades que estos niños tienen para poder acceder a momentos de dispersión a través del ocio y el deporte fuera de su actividad reglada. Son miles las actividades extraescolares pensadas y diseñadas para la población infantil y juvenil de nuestro país pero son pocas y caras las que se han estructurado para estos niños que necesitan un trato (en cuanto a la dedicación y especialización) diferente. A menudo estos niños necesitan un monitor para cada persona, un monitor con una formación concreta para dar respuesta a sus necesidades. Pero esta relación de un niño/un monitor, resulta inaccesible económicamente para muchos padres y madres.

Cada temporada de vacaciones escolares disponemos de una oferta muy amplia para “colocar” a nuestros hijos en centros y casales, oferta que en el caso de estas familias se reduce a menudo a nada o poco, pero caro. Las administraciones se llenan la boca cuando hablan de su acción social y su atención a la diversidad pero seguro que aún pueden revisar algunas de sus decisiones y emplear más esfuerzos (económicos y estratégicos) para dar salida a una situación que juega en clara desventaja respecto de la normalidad. Todos tenemos los mismos derechos pero los que cada día vivimos la situación de este colectivo de niños y niñas con discapacidades a veces no nos queda más remedio que ponerlo en duda.

Mis últimas palabras serán para estos padres y madres que luchan por un futuro justo y sobre todo normalizado de sus hijos, sin pedir nada que su condición de ciudadano no les otorgue.

Author

Joan Carles Folia